La baja laboral por desprendimiento de vítreo es una situación que genera inquietud, sobre todo cuando los síntomas aparecen de forma repentina y afectan a la visión en pleno desempeño profesional. Aunque suele ser un proceso frecuente y, en la mayoría de los casos, benigno, no debe minimizarse: puede interferir en la capacidad para trabajar con seguridad y requiere valoración médica para descartar complicaciones.
En este artículo analizaremos en profundidad cuándo procede una baja, cuánto puede durar, qué dice la legislación actual y cómo influye tu tipo de trabajo en la decisión médica, para que tengas toda la información necesaria y puedas actuar con seguridad desde el primer momento.
Qué es el desprendimiento de vítreo y por qué puede afectar al trabajo
El desprendimiento posterior de vítreo (DPV) ocurre cuando el humor vítreo (un gel transparente que rellena el interior del ojo) se separa de la retina. Es un proceso muy frecuente con la edad: el vítreo va perdiendo consistencia, se vuelve más líquido, se encoge y termina despegándose de la parte posterior del ojo.
Lo importante es entender que muchas veces no es grave, pero sus síntomas pueden ser muy incapacitantes al inicio y, además, existe un riesgo real (aunque no mayoritario) de que el proceso se complique. Mientras el vítreo se separa, puede generar tracción sobre la retina. En una parte de los pacientes, esa tracción llega a producir un desgarro. Estudios recientes en población con DPV sintomático han encontrado tasas cercanas a ~1 de cada 10 para desgarro en ciertos escenarios clínicos, y también han descrito desgarros “diferidos” que aparecen semanas o meses después del episodio inicial.
En la práctica, el DPV se nota sobre todo por síntomas “visuales”, no por dolor:
- Moscas volantes (miodesopsias): puntos, hilos o una especie de telaraña que se mueve con la mirada.
- Destellos (fotopsias): como relámpagos breves, a menudo en visión periférica o con poca luz. Suelen aparecer porque, durante el desprendimiento, el vítreo tira de la retina y esa tracción se interpreta como luz.
- En algunos casos, visión borrosa o sensación de “sombra”, que ya obliga a descartar problemas retinianos.
Aunque el DPV no siempre sea una urgencia, puede afectar al rendimiento laboral por tres vías principales:
Interfiere con la visión funcional del día a día
Las miodesopsias pueden situarse justo donde necesitas fijar la vista (lectura, líneas de código, planos, hojas de cálculo, pantallas). No es que “tapen” toda la visión, pero sí pueden provocar:
- pérdida de concentración,
- necesidad de releer,
- fatiga visual,
- bajada de productividad.
En trabajos que exigen precisión visual (inspección, control de calidad, diseño, microtareas), esto se nota mucho más.
Aumenta el riesgo en trabajos sensibles a la seguridad
Aquí es donde una baja laboral cobra sentido con más frecuencia: no por el diagnóstico en sí, sino por la seguridad.
- Conducción profesional: un destello o una mosca volante grande puede distraer justo en un momento crítico.
- Maquinaria, carretillas, alturas, obra: cualquier pérdida momentánea de atención visual puede multiplicar el riesgo.
- Sanidad, laboratorio, manipulación: si la visión está borrosa o hay destellos, puede comprometer procedimientos.
Puede requerir controles y limitar ciertas tareas
El DPV sintomático suele ir ligado a recomendaciones de vigilancia de síntomas y revisiones si hay cambios. Además, si existe sospecha de complicación (hemorragia vítrea, desgarro, etc.), el margen de seguridad se reduce y es habitual restringir actividades hasta aclarar la evolución.
¿Es lo mismo el desprendimiento de vítreo que el de retina?
No, no es lo mismo el desprendimiento de vítreo que el desprendimiento de retina, aunque pueden compartir síntomas iniciales como destellos o moscas volantes. El desprendimiento posterior de vítreo (DPV) se produce cuando el gel que rellena el interior del ojo se separa de la retina. Es un proceso frecuente, sobre todo a partir de cierta edad, y en la mayoría de los casos no reviste gravedad. Por lo general, únicamente requiere control oftalmológico para descartar complicaciones.
En cambio, el desprendimiento de retina ocurre cuando la retina se separa de la pared posterior del ojo, lo que compromete directamente la visión. Se trata de una urgencia médica que puede provocar pérdida visual permanente si no se trata a tiempo. Sus síntomas suelen ser más intensos, como la aparición brusca de numerosas moscas volantes, destellos persistentes, una sombra o “cortina” en el campo visual o una disminución clara de la agudeza visual.
¿Se puede trabajar con esta dolencia?
En muchos casos, sí se puede trabajar con desprendimiento posterior de vítreo, porque suele ser un proceso frecuente y, cuando no hay complicaciones, la mayoría de personas puede continuar con su rutina sin restricciones importantes. De hecho, algunas fuentes clínicas señalan que, una vez confirmado el diagnóstico y descartados problemas asociados, lo habitual es seguir con las actividades normales.
Ahora bien, que “se pueda” trabajar no significa que siempre sea recomendable hacerlo sin matices. El punto decisivo no es el nombre del diagnóstico, sino cómo te está afectando en la práctica (destellos, moscas volantes densas, visión borrosa) y qué exige tu puesto (pantallas intensivas, conducción, maquinaria, alturas, precisión visual). Además, el inicio del DPV es un periodo en el que se vigila más, porque durante el desprendimiento puede haber tracción sobre la retina y, aunque no sea lo más frecuente, pueden aparecer desgarros retinianos; por eso se insiste en controles y en acudir si los síntomas cambian.
Desde el punto de vista laboral, suele ser viable seguir trabajando cuando los síntomas son leves o moderados y no comprometen la seguridad: por ejemplo, una persona con trabajo de oficina puede adaptarse con pausas o ajustes de pantalla si las moscas volantes molestan, siempre que no haya pérdida de visión. En cambio, si tu trabajo implica conducir, la recomendación general es clara: no debes conducir mientras la visión esté afectada. Esto aplica especialmente el día de la exploración con gotas para dilatar (que dejan visión borrosa durante horas) y también si los síntomas te distraen o te impiden ver con normalidad.
También conviene ser más prudente si tu puesto implica riesgo para ti o para terceros (maquinaria, carretillas, alturas, trabajo en obra). Ahí, incluso sin una “bajada” objetiva de agudeza visual, unas miodesopsias muy intrusivas o destellos frecuentes pueden reducir la atención y aumentar la probabilidad de accidente.
Cuándo suele concederse la baja laboral por desprendimiento de vítreo según el tipo de trabajo
La baja por desprendimiento posterior de vítreo no se concede “por el diagnóstico”, sino por la limitación funcional real y por el riesgo que supone seguir trabajando en tu puesto concreto. Un DPV puede ser compatible con trabajar si los síntomas son leves, pero cuando hay destellos, miodesopsias muy intrusivas o visión borrosa, la actividad laboral puede volverse insegura o directamente imposible, especialmente en profesiones con responsabilidad sobre terceros. Además, en las primeras semanas es cuando más se insiste en la vigilancia, porque el DPV sintomático puede asociarse a desgarros retinianos y por eso se pautan controles y la recomendación de acudir si los síntomas cambian.
Puestos con conducción profesional
Suele concederse con más facilidad cuando el trabajo incluye conducir (reparto, VTC/taxi, transporte, comerciales en ruta) y se da alguna de estas situaciones:
- Destellos o moscas volantes que distraen y obligan a “perseguir” la mancha con la mirada.
- Visión borrosa o sensación de que algo “flota” justo en el punto de fijación.
- Exploración oftalmológica con dilatación pupilar (que deja visión borrosa durante horas) o pruebas repetidas.
- Episodio reciente con síntomas intensos, hasta confirmar evolución y descartar complicaciones.
En la práctica, si tu visión no es estable, el criterio suele ser de prudencia: si no puedes garantizar conducción segura, se valora baja o adaptación temporal.
Trabajos con maquinaria o altura
En empleos donde un error visual puede provocar un accidente (carretillas, grúas, maquinaria industrial, obra, trabajos en altura, electricidad), la baja suele concederse cuando:
- Las miodesopsias son densas o múltiples (“lluvia” de moscas volantes).
- Hay fotopsias recurrentes.
- Existe ansiedad o hipervigilancia por síntomas que impide concentrarte (muy frecuente los primeros días).
- El médico sospecha o no ha podido descartar del todo una complicación retiniana y manda vigilancia estrecha.
Aquí pesa mucho el principio de seguridad laboral: aunque el DPV sea benigno, tu capacidad de reacción y atención puede verse comprometida.
Trabajo de oficina y tareas administrativas
En puestos de oficina, el DPV es compatible con trabajar en bastantes casos, pero se concede la baja cuando:
- Las moscas volantes se sitúan en el centro de visión y obligan a parar constantemente, provocando fatiga visual y bajada real de rendimiento.
- Hay cefalea o visión borrosa que no te permite mantener la fijación.
- Necesitas varias visitas médicas en poco tiempo.
- Tu función exige precisión continua ( como programación intensa o revisión de documentos críticos) y el síntoma es muy intrusivo.
En este perfil es frecuente que, si procede, la baja sea corta (para estabilización y control inicial) o que se recomiende adaptación temporal: pausas, aumento de tamaño de letra, ajustes de contraste/iluminación, tareas menos exigentes visualmente…
Profesiones de precisión visual
Aquí entran, por ejemplo, control de calidad, laboratorio, joyería, inspección técnica, diseño técnico, microtareas, estética con detalle, etc. Suele concederse la baja cuando:
- La miodesopsia interfiere con la visión fina (te “tapa” detalles críticos).
- Los destellos generan microinterrupciones y pérdida de continuidad.
- Existe cualquier reducción de agudeza visual funcional, aunque sea parcial, que haga que el trabajo deje de ser fiable.
En estos puestos el argumento no es solo la comodidad: es la calidad y seguridad del resultado.
Sanidad y atención al público
En trabajos asistenciales o de alta carga (sanidad, emergencias, cocina con cuchillos/quemadores, atención al público con movilidad constante), se valora la baja cuando:
- Los síntomas aumentan con el estrés y el ritmo del turno.
- Hay riesgo de errores por distracción visual.
- La visión borrosa o la sensación de “cortina/sombra” hace sospechar una complicación (en ese caso, prioridad absoluta: revisión urgente).
Cuando hay sospecha de afectación retiniana, lo habitual es que la baja sea más clara hasta que el especialista descarte o trate.
Trabajo físico y manipulación de cargas
En DPV no complicado, muchas personas continúan su actividad, pero la baja se concede con más frecuencia si:
- El trabajo implica esfuerzos bruscos, impactos, vibración intensa o movimientos que incrementan el malestar y la inseguridad.
- Hay síntomas intensos recientes y el médico recomienda prudencia mientras se confirma la estabilidad.
- El trabajo no permite pausas ni ajustes y te obliga a forzar la visión en entornos complejos (polvo, poca luz, cambios de foco constantes).
Aquí manda la individualización: el DPV no siempre exige reposo, pero si tu puesto es físicamente exigente y la sintomatología es alta, la baja se vuelve una herramienta razonable para evitar accidentes y facilitar seguimiento.
¿Cómo solicitar la baja laboral por desprendimiento de vítreo?
Solicitar la baja laboral por desprendimiento de vítreo en España no es un trámite automático por el simple hecho de tener el diagnóstico. La incapacidad temporal se concede cuando un médico considera que no estás en condiciones de trabajar o que tu actividad supone un riesgo para ti o para terceros. Por eso, el proceso comienza siempre por la valoración clínica.
Acude primero a valoración oftalmológica
Si notas destellos o cualquier cambio en la visión, el primer paso es acudir a urgencias oftalmológicas o a tu especialista. Es fundamental confirmar que se trata de un desprendimiento posterior de vítreo y, sobre todo, descartar complicaciones retinianas.
Pide un informe médico detallado que incluya:
- Diagnóstico confirmado.
- Síntomas actuales.
- Limitaciones funcionales (por ejemplo, dificultad para conducir o trabajar con precisión visual).
- Recomendaciones específicas (evitar conducción, trabajos en altura, etc.).
Este documento será clave para justificar la baja.
Solicita la baja con tu médico de atención primaria
Con el informe oftalmológico, debes acudir a tu médico de cabecera del servicio público de salud. En la mayoría de los casos de enfermedad común, es este profesional quien emite el parte de baja por incapacidad temporal tras valorar:
- Tu estado clínico actual.
- El tipo de trabajo que desempeñas.
- El riesgo que supondría continuar trabajando.
Si considera que no puedes ejercer tu actividad con seguridad, emitirá el parte de baja y fijará una fecha estimada de revisión.
Si el problema ocular deriva de un accidente de trabajo, debes acudir a la mutua colaboradora con la Seguridad Social de tu empresa. En ese caso, la contingencia sería profesional y la gestión de la baja correspondería a la mutua.
Entrega de partes y comunicación a la empresa
Una vez emitido el parte de baja:
- La información se comunica telemáticamente al INSS y a la empresa.
- Tú solo debes asegurarte de cumplir con las revisiones médicas programadas.
Durante la baja, recibirás partes de confirmación según la duración estimada del proceso.
Aspectos clave para que la baja esté bien justificada
Para que la incapacidad temporal esté correctamente fundamentada, conviene que quede claro:
- Que los síntomas afectan a tu capacidad real de trabajar.
- Que existe riesgo en tu puesto concreto (conducción, maquinaria, altura, precisión visual).
- Que estás en fase de control o seguimiento activo por parte del especialista.
No se trata de tener moscas volantes, sino de demostrar que, en tu situación específica, el desempeño laboral no es seguro ni viable temporalmente.
¿Puede denegarse la baja?
Sí. Si el médico considera que el desprendimiento de vítreo no limita tu capacidad funcional y tu trabajo no implica riesgo, puede entender que eres apto para trabajar. En ese caso, solo se pautará seguimiento oftalmológico sin incapacidad temporal.
Días de baja laboral por desprendimiento de vítreo
Los días de baja laboral por desprendimiento de vítreo no están fijados por una tabla oficial con un número cerrado. La duración depende de tres factores clave: intensidad de los síntomas, tipo de trabajo y evolución clínica en las primeras semanas.
En la mayoría de los casos, el desprendimiento posterior de vítreo es un proceso benigno que se estabiliza con el tiempo. Por eso, cuando se concede incapacidad temporal, lo habitual es que sea de corta duración, centrada en el periodo inicial de síntomas y en la fase de vigilancia para descartar complicaciones retinianas.
Cuando no hay desgarro ni afectación de la retina y los síntomas son moderados, la baja suele situarse en un margen aproximado de:
- Entre unos pocos días y dos semanas, especialmente si el trabajo implica conducción o riesgo.
- Hasta tres o cuatro semanas si las miodesopsias o los destellos son intensos y afectan al rendimiento laboral.
En muchos casos de trabajo de oficina, puede optarse por adaptación del puesto en lugar de baja, si la visión funcional lo permite.
La duración puede ampliarse si aparecen factores como:
- Persistencia de destellos intensos.
- Aparición de nuevas moscas volantes en cantidad llamativa.
- Necesidad de revisiones frecuentes con dilatación pupilar.
- Dificultad real para garantizar seguridad en el puesto.
Si durante el seguimiento se detecta un desgarro retiniano o un desprendimiento de retina, el escenario cambia por completo y la baja puede prolongarse varias semanas o incluso meses, dependiendo del tratamiento y recuperación visual.
En cualquier caso, si tienes dudas sobre la baja laboral por desprendimiento de vítreo, su duración, una posible propuesta de alta médica o problemas con la mutua o la empresa, contar con el respaldo de un abogado especialista en derecho laboral puede marcar la diferencia. Analizamos tu situación concreta, revisamos informes médicos, valoramos si la incapacidad temporal está correctamente gestionada y defendemos tus derechos frente a altas indebidas, denegaciones o conflictos relacionados con tu puesto de trabajo. Porque cuando la salud visual afecta a tu capacidad profesional, es fundamental que también tengas protegida tu seguridad jurídica.